Iconografías draconianas:

paseos por el arte y la ciencia

Arnoldo Santos Guerra

Biólogo. Unidad de Botánica del Instituto Canario de Investigaciones Agrarias

 

Desde los primeros conocimientos hist√≥ricos escritos que hacen alusi√≥n a las islas Canarias se inician las referencias a plantas que se han incorporado al imaginario, m√°s o menos fant√°stico, de este archipi√©lago. Estas alusiones se inician con las famosas ferulas de Plinio el Viejo (S. I d.C.), los laurotaxa de los bot√°nicos prelinneanos, la le√Īa noel y el herre√Īo √°rbol santo o √°rbol de la lluvia. Sin embargo, ninguno de los vegetales precedentes ha generado tanta literatura y admiraci√≥n como el drago (Dracaena draco), a pesar de tratarse de una especie macaron√©sico-africana, distribuida por los cuatro archipi√©lagos y el suroeste de Marruecos (monta√Īas del Antiatlas), cuyas caracter√≠sticas, distribuci√≥n y usos se detallan en otros art√≠culos de este mismo n√ļmero.

 

 

Si bien los dragos son conocidos desde la √©poca cl√°sica grecorromana, hace m√°s de 2.000 a√Īos, es muy probable que estos primeros conocimientos haya que referirlos a los parientes de los dragos atl√°nticos situados en el entorno del Mar Rojo (Egipto, Eritrea-Djibuti, Etiop√≠a, Somalia y mitad sur de la pen√≠nsula de Arabia) y del Oc√©ano √ćndico, en particular a los dragos de la isla de Socotora, en donde conviven con otras interesantes especies, sometidas a explotaci√≥n comercial desde tiempos remotos por ser productoras de resinas o por su valor medicinal (sangre de drago, incienso, mirra y sabia de aloe). A ellas, y en particular al drago, aluden diversos escritores cl√°sicos, como Diosc√≥rides y Plinio el Viejo (s. I. d.C.), cuando hablan del cinnabaris (o crinabaris para otros).

 

Es posible que los dragos macaron√©sicos tambi√©n fueran conocidos en el mundo cl√°sico, puesto que las islas eran visitadas ocasionalmente en esas √©pocas remotas. Sin embargo, no podemos afirmar que existiera un comercio de su ‚Äúsangre‚ÄĚ en esos tiempos y tampoco conocemos que fuera incorporado en obras art√≠sticas antiguas. Es extra√Īo que, a pesar del conocimiento de la sangre de drago, estas llamativas plantas no aparezcan iconografiadas o descritas en el mundo egipcio y tengamos que esperar hasta el siglo XV para ver sus primeras representaciones gr√°ficas.

 

 

Los primeros testimonios escritos que se refieren a la presencia del drago en las islas atl√°nticas (testimonios indirectos por alusi√≥n al colorante rojo en el texto de Boccaccio), los encontramos en distintas obras, llevadas a cabo por diversos viajeros que realizan incursiones o exploraciones en busca de nuevas rutas comerciales, incluyendo el tr√°fico de esclavos, en los territorios atl√°nticos del noroeste africano desde el s. XIV, abarcando varios de los archipi√©lagos macaron√©sicos. Poco despu√©s, en los libros-cr√≥nicas que narran la conquista de Canarias en el inicio del siglo XV (1402-1406), Le Canarien, siendo la versi√≥n de Gadifer escrita antes de 1420, se se√Īala la presencia de dragos (‚Äúdragoniers‚ÄĚ) en varias islas (La Palma, Gomera, Hierro, Tenerife y Gran Canaria) y se acu√Īa por primera vez (seg√ļn comunicaci√≥n personal de la doctora B. Pico) la palabra francesa ‚Äúdragonier‚ÄĚ para designar a nuestro drago. Tambi√©n hallamos referencias en diferentes fuentes documentales (datas, cr√≥nicas de conquista, acuerdos de cabildos, protocolos notariales...) generadas a ra√≠z de dicho episodio. A su conocimiento en Europa tambi√©n contribuy√≥, probablemente, la publicaci√≥n en 1507 de la obra del veneciano Alvise da Ca‚Äô da Mosto, en la que hace alusi√≥n a los dragos y a la explotaci√≥n de su sangre en Porto Santo, una de las islas del archipi√©lago de Madera, descubierto por los portugueses Zarco y Teixeira en 1418. El llamativo aspecto de esta especie, abundante en el siglo XV en la peque√Īa isla, puede justificar el traslado de ejemplares a la capital portuguesa y su cultivo all√≠ en diversos monasterios. Adem√°s, no hay que olvidar que los portugueses manten√≠an relaciones frecuentes con el archipi√©lago canario y sus propiedades medicinales ser√≠an conocidas por el uso tradicional que del mismo hac√≠an las poblaciones ind√≠genas.

 

El temprano cultivo de dragos en Europa lo conocemos por las narraciones del que podr√≠amos considerar uno de los primeros turistas europeos, que se adentra en varios territorios de la Pen√≠nsula Ib√©rica y nos deja un curioso e interesante relato de sus viajes. Se trata del m√©dico alem√°n M√ľnzer (Jer√≥nimo Monetario), quien a fines del siglo XV (1494) vio dragos fructificados cultivados en los huertos conventuales de la Sant√≠sima Trinidad (‚Äúun gran √°rbol llamado drag√≥n‚ÄĚ) y de los agustinos (tres ejemplares, uno descomunal cuyo tronco dos hombres apenas pod√≠an abarcar) de la capital portuguesa, y a quien un sarraceno, curiosamente por la relaci√≥n con la iconograf√≠a que luego veremos, le cuenta que su rosario estaba hecho con los huesos de la palmera que dio de comer a la sagrada familia en su huida a Egipto. Poco antes (ca. 1475) aparecen en Europa central (Alemania) los primeros grabados de esta emblem√°tica especie, que salen del taller de M. Schongauer, natural de Colmar (ca. 1430-1450), representando la huida a Egipto de la virgen Mar√≠a con el ni√Īo y san Jos√©, donde un drago ramificado, con frutos, y una palmera, tambi√©n fructificada, que sirve de alimento al grupo, son elementos singulares de la composici√≥n y han sido tradicionalmente recogidos en diversas publicaciones. Este interesante grabado sirvi√≥ de modelo o inspiraci√≥n para obras posteriores, tanto grabados como relieves en madera e incluso en tapices. ¬ŅPor qu√© Schongauer eligi√≥ esta ex√≥tica especie para este motivo? Sin saberlo, incorpora una rara planta que tambi√©n est√° representada en el sur de Egipto con otro drago diferente (Dracaena ombet), de porte similar a algunos de nuestros dragos de mediana edad.

 

 

Otro de los grabados m√°s antiguos que conocemos, ejecutado por el alem√°n M. Wolgemut en 1493 para el Liber chronicarum de H. Schedel, representa a Ad√°n y Eva en el Para√≠so, donde, seg√ļn el G√©nesis, est√°n el √°rbol de la vida y el √°rbol de la ciencia del bien y del mal. Junto al √°rbol de la ciencia del bien y del mal, caracterizado por el manzano con la serpiente enrollada, aparece tambi√©n el drago como √°rbol de la vida, tal y como indica D. de la Pe√Īa, y la misma interpretaci√≥n nos da M. de Paz al ilustrarnos acerca de la representaci√≥n del drago en el famoso cuadro del Bosco El jard√≠n de las delicias. En este caso el drago est√° junto a la fuente de la que parten los consabidos cuatro r√≠os paradis√≠acos de larga tradici√≥n iconogr√°fica.

 

Siglo XVI

 

Le siguen en orden de publicaci√≥n, a los pocos a√Īos, las escenas que adornan la obra de los Comentarios a Virgilio (1502) de S. Brandt, con connotaciones m√°s literarias, ilustrada con diversos grabados xilogr√°ficos donde al menos ocho de ellos incluyen el drago. Esta obra es casi coet√°nea de la del famos√≠simo pintor y grabador A. Durero, que en torno a los a√Īos 1503-1505 realiz√≥ al menos un grabado donde el drago aparece junto a la mencionada palmera datilera, bas√°ndose, de acuerdo a la similitud de la composici√≥n, en la obra precedente de Schongauer, en particular la Huida a Egipto. Pero ¬Ņcu√°l fue la fuente de inspiraci√≥n de Schongauer? ¬ŅConoci√≥ personalmente estos extra√Īos (para el mundo europeo) vegetales en Flandes o Portugal? Si no fuera as√≠ tendr√≠a que haberse servido de una buena representaci√≥n iconogr√°fica realizada por alguno de los numerosos visitantes a las islas atl√°nticas o a la propia Lisboa. Teniendo en cuenta la edad de ejecuci√≥n de la obra y los datos aportados por M√ľnzer, los dragos lisboetas podr√≠an haber servido de modelos.

 

 

Esta misma simb√≥lica especie la incorpora el Bosco en su famoso cuadro (nombrado anteriormente), pintado a inicios del XVI (entre 1500 y 1510) d√°ndole un lugar preeminente junto al grupo formado por Ad√°n y Eva bendecidos por Cristo. Un poco posterior (1518) es la excelente pintura, adornada con elementos tropicales, donde Burgkmair representa a san Juan en Patmos. El drago que acompa√Īa a la composici√≥n, aunque fragmentario, se puede reconocer perfectamente. Su dise√Īo, al igual que los del Bosco, Brandt, Schongauer y Wolgemut, refleja con bastante fidelidad la ramificaci√≥n de los dragos, lo cual no est√° tan bien definido en la obra de Durero o en el grabado de san Juan Evangelista y Santiago el Mayor de Woensam de Worms (1500-1541), cuyas caracter√≠sticas coinciden bastante, y donde el drago no sigue su t√≠pica ramificaci√≥n regular de acuerdo a las floraciones.

 

No menos interesante y bella es la representaci√≥n del drago en una fant√°stica miniatura iluminada del libro de horas del rey portugu√©s Don Manuel, descrita por J. Lizardo en la revista Islenha (1996), donde el drago est√° cerca de una fuente de la cual la virgen toma agua, escena relacionada tambi√©n con la huida a Egipto, pero igualmente podr√≠amos pensar en el agua que proviene del √°rbol de la vida. Se estima que el dibujo fue ejecutado entre 1517 y 1538 por la iconograf√≠a oriental (relacionada con las exploraciones orientales portuguesas) que lo acompa√Īa a modo de orla, incluyendo dromedarios, elefantes, tiendas, beduinos y rinocerontes.

 

Considerando que, de existir, los dragos gaditanos ser√≠an escas√≠simos en el siglo XV, ya que Clusio no consigui√≥ ver ninguno en 1564, debemos preguntarnos de d√≥nde proviene la fuente de inspiraci√≥n relativa a estos dragos en el mundo centroeuropeo. ¬ŅSe trata de plantas oriundas del archipi√©lago canario o del archipi√©lago maderense? ¬ŅDe √Āfrica u Oriente pr√≥ximo? Teniendo en cuenta su cultivo en los conventos lisboetas, la procedencia de esas plantas hay que atribuirla al archipi√©lago de Madera, en particular a la isla de Porto Santo, de f√°cil accesibilidad y plagada de dragos por esa √©poca, antes de su poblamiento. Hay que tener en cuenta, adem√°s, que las islas Canarias donde los dragos eran m√°s abundantes (La Palma, Tenerife y Gran Canaria) no se incorporaron al mundo europeo del comercio regular hasta fines del siglo XV, despu√©s de sus respectivas conquistas. Algunos autores sugieren que la casa comercial alemana Fugger, para la que trabaj√≥ Clusio, con intereses econ√≥micos en los archipi√©lagos atl√°nticos, pudo tener alguna participaci√≥n en la presencia o conocimiento de dragos en Europa.

 

 

Aunque se ha indicado la posibilidad de que algunos dragos fueran llevados a Flandes o territorios pr√≥ximos desde las islas atl√°nticas y especialmente desde Canarias, esto parece muy improbable, teniendo en cuenta las fechas y las dimensiones-edades manifestadas en las primeras representaciones de Schongauer, ya que no consideramos la posibilidad de que dichos dragos fueran transportados con porte ya ramificado, aunque hay casos semejantes, como cuando se intent√≥ enviarlos a la corte de Felipe II desde Canarias, seg√ļn Fragoso (1572), citado por M. de Paz. El transporte de dragos es altamente complicado por su fragilidad y adem√°s tendr√≠an dificultades para sobrevivir a no ser que estuvieran bajo protecci√≥n total durante los crudos inviernos septentrionales. Tanto los ejemplares reproducidos por Schongauer (ca. 1475) como los de Wolgemut (1493), Brandt (1502) o el Bosco (1500-1510), de similar factura, presentan 3 √≥ 4 ramificaciones, lo que implicar√≠a que necesitaron unos 50-60 a√Īos para adquirir dicho porte si fueron sembrados de semillas, por lo cual tendr√≠an que haber sido recolectadas a comienzos de siglo XV, cuando los archipi√©lagos atl√°nticos a√ļn no estaban conquistados ni ocupados (excepto las islas de Lanzarote, Fuerteventura y Hierro) para llegar a tener esas dimensiones en la segunda mitad de dicho siglo. Conocemos el intento de cultivo de dragos canarios, en Sevilla, en la segunda mitad del siglo XVI, a partir de semillas enviadas desde nuestro archipi√©lago al c√©lebre bot√°nico Tovar.

 

Por otra parte, las primeras reproducciones iconogr√°ficas y descripciones de car√°cter cient√≠fico tenemos que asignarlas al famoso bot√°nico Clusio (Charles de L‚Äô√Čcluse), que tuvo ocasi√≥n de viajar por la Pen√≠nsula Ib√©rica, visitando Lisboa en 1564, y que en su obra Rariorum aliquot stirpium per Hispanias observatarum historia (1576) incorpor√≥, junto a la descripci√≥n del drago, un grabado representando un ejemplar con tres ramificaciones acompa√Īado por una hoja y una rama de su inflorescencia provista de frutos. Seg√ļn el propio Clusio, vio el drago (s√≥lo menciona uno) en el convento dedicado a la virgen de Gracia (Lisboa), sin hacer alusi√≥n a los indicados por M√ľnzer. Parece indudable que fue ese drago el que le sirvi√≥ de modelo para su conocido grabado, del cual se conserva, junto con los de otras especies, el dibujo original en color (p√°gina 132 del presente n√ļmero), realizado por Van der Borcht, en la biblioteca Jagiell√≥nska de Cracovia (Polonia). Al igual que representaciones anteriores, este drago tendr√≠a una edad pr√≥xima a los 40-50 a√Īos cuando lo vio Clusio, lo cual no estar√≠a de acuerdo con las observaciones de M√ľnzer, hechas 70 a√Īos antes, si hubiese visto e iconografiado los mismos ejemplares. Los detalles de la fructificaci√≥n (obtenidos de ramas que le enviaron al a√Īo siguiente de su viaje) y hoja, as√≠ como su descripci√≥n, parecen confirmar que el propio Clusio fue el sagaz observador.

 

Coet√°neo de estas obras son los textos con alusiones a la sangre de drago procedente de Am√©rica, del sevillano N. Monardes (1580) quien, adem√°s, incorpora un curioso dibujo donde se ve un drag√≥n embrionario dentro de los frutos de la especie americana correspondiente, seg√ļn informaci√≥n y datos aportados por el obispo de Cartagena de Indias.

 

 

Posteriormente, en esta segunda mitad del siglo XVI, seguimos encontrando diversos textos alusivos al drago, algunos acompa√Īados de iconograf√≠as, aunque en su mayor√≠a corresponden a copias, de manos de diversos herbalistas (V. Cordus, 1561; Gerard, 1597...) del famoso grabado de Clusio, mientras que otros textos locales o no de esta √©poca, como los de T. Nichols (1583), del italiano Torriani (1592), del portugu√©s G. Frutuoso (al parecer el libro fue escrito antes de 1582, aunque no hay fecha exacta) o del fraile A. de Espinosa (1594), no nos aportan elementos iconogr√°ficos pero nos ayudan a comprender la antigua distribuci√≥n de los dragos en Canarias, con alusiones concretas a top√≥nimos de gran inter√©s como la Punta de los Dragos en Barlovento (La Palma), usos y presencia en algunos barrancos (datos que se detallan en otros art√≠culos de este n√ļmero).

 

Una vez incorporado el drago al mundo del grabado y la pintura europea, su difusi√≥n tuvo cierta importancia en el mundo centroeuropeo y occidental. Sin embargo, resulta curioso que no se extendiera e incorporara su conocimiento al entorno mediterr√°neo, debido quiz√°s a que las √ļltimas manifestaciones g√≥ticas no tuvieron intercambios importantes con el Renacimiento meridional.

 

Siglo XVII

 

A lo largo del siglo XVII, el dibujo clusiano sigui√≥ siendo reproducido, con o sin modificaciones, por diversos autores europeos en tratados y libros de simples (plantas medicinales), y es citado en diversas obras bot√°nicas (Bauhin, 1623; Parkinson, 1640; Commelin, 1689...), recogidas en parte por Plukenet. En la segunda mitad del siglo se inician las informaciones, a veces acompa√Īadas de dibujos, relativas al gran pino de Teror, Gran Canaria, en el que posteriormente se ubicar√≠a la aparici√≥n de la virgen de su nombre, iconografiada en el grabado de Sim√≥n de Brieva de 1782 (reproducido en la p√°g. 143 del n√ļmero 4 de Rincones del Atl√°ntico). En sus ramas crec√≠an tres j√≥venes ejemplares de dragos, siendo atribuida a Mar√≠n de Cubas la primera imagen gr√°fica del mismo (finales del siglo XVII), as√≠ como el que posiblemente sea el primer dibujo de un drago realizado en Canarias.

 

 

A partir de entonces, esta llamativa especie es demandada en el mundo cient√≠fico debido al auge que adquiere el coleccionismo de curiosidades en general, siendo cultivada probablemente tanto en diversos jardines bot√°nicos (√Āmsterdam, Leiden) como en jardines privados europeos desde fines del siglo XVII.

 

 

Siglo XVIII

 

Las representaciones de dragos toman un car√°cter m√°s art√≠stico, desvincul√°ndose de contenidos simb√≥licos y religiosos a partir del s. XVII y especialmente durante el XVIII, llev√°ndose a cabo por motivos estrictamente bot√°nicos (caso de los herbalistas) o simple curiosidad debido a su extra√Īo porte y su supuesta milenaria longevidad.

 

Curiosamente no figura en la colección que mantenía el acaudalado George Clifford, banquero holandés, que fue estudiada y descrita por el propio Linneo en su Hortus Cliffortianus (1737), donde sin embargo incluye otras curiosas especies canarias como el famoso bicacarero (Canarina campanula, hoy C. Canariensis) o la salvia canaria (Salvia canariensis).

 

 

El primer dibujo de inter√©s cient√≠fico tomado al natural en las islas Canarias, que tuvo cierta difusi√≥n en copias manuscritas, corresponde al realizado en 1724 por el cura m√≠nimo franc√©s L. Feuill√©e en la finca de la familia Porlier cerca de Bajamar, La Laguna, Tenerife. Representa un drago con dos ramificaciones, correspondiente, por tanto, a una edad de unos 40-50 a√Īos (p√°g. 159 del presente n√ļmero). Desconocemos hasta cu√°ndo existi√≥ este ejemplar, del cual no hemos encontrado referencias posteriores.

 

De igual forma se ilustra en la narrativa de viajes y exploraciones cient√≠ficas, en particular desde que es ilustrado por P. Ozanne, que estuvo en Tenerife entre 1771 y 1772, como dibujante de la expedici√≥n de J.C. Borda, A.G. Pringue y J. -K.-A. Verdun de la Crenne. Su boceto sirvi√≥ de modelo para diversas obras posteriores, como el grabado que aparece en la obra de Humboldt Vue des cordilleres, 1810, as√≠ como un famoso cuadro (Museo de Borda, Dax, Landas, Francia) que refleja la 2¬™ medici√≥n de la altura del Teide hecha por Borda (1776) en el valle de La Orotava, donde el drago adorna la hist√≥rica medici√≥n recreada por el artista sin ocupar su posici√≥n real. Ozanne tuvo la oportunidad, al igual que otros viajeros anteriores y posteriores, entre ellos Lord Macartney (1793) ‚Äďen cuyo honor se celebr√≥ el famoso almuerzo entre las ramas del √°rbol‚Äď, Ledru (1796) o Humboldt (1799), de contemplar el mal llamado drago milenario que se encontraba en los jardines de Juan Domingo de Franchy en La Orotava hasta mediados del siglo XIX, que le sirvi√≥ de inspiraci√≥n para su obra. De la segunda mitad de √©ste siglo son tambi√©n dos conocidos grabados realizados en Bruselas por el grabador belga Simon Cattoir seg√ļn dibujos de C. Freudenberg. Dichos grabados (reproducidos en la p√°g. 215 del n√ļmero 5 de Rincones del Atl√°ntico y en la p√°g. 128 del presente n√ļmero) reproducen dos perspectivas diferentes de la casa y la situaci√≥n y dise√Īo de los famosos jardines, hoy completamente modificados, y sus m√°s ilustres componentes perdidos (el drago y la palmera centenaria).

 

 

Siglo XIX

 

Durante la primera mitad del s. XIX, adem√°s del grabado ya comentado que aparece en la obra de Humboldt, tienen especial inter√©s los dibujos que ilustran un trabajo de S. Berthelot acerca del drago publicado en 1827, en el cual se recogen diversos dibujos de ejemplares de diferentes edades as√≠ como detalles de las pl√°ntulas, flores y frutos. Al menos algunas de estas ilustraciones fueron realizadas por J.J. Williams, seg√ļn nos cuenta el propio Berthelot, siendo reproducidos algunos de ellos en obras posteriores. Alfred Diston, por su parte, inmortaliz√≥ tres dragos que hab√≠an sido plantados, con motivo de la construcci√≥n del Jard√≠n de Aclimataci√≥n de La Orotava, en su fachada norte (Rincones del Atl√°ntico, n√ļmero 2, p√°g. 201), los cuales tambi√©n hab√≠an sido objeto de un grabado de dicha fachada publicado en la famosa Historia Natural de las Islas Canarias (tomo de Miscel√°neas), realizado con menos rigor por Williams (dibuja dos ejemplares), sin posibilidad de asegurar, en este caso, que se tratara de dragos. Uno de los ejemplares dibujados por Diston a√ļn sobrevivi√≥ hasta los a√Īos 70 del siglo XX y figura en diversas fotograf√≠as de la √©poca. Diston tambi√©n llev√≥ a cabo un dibujo (acuarela), al igual que otros autores como Bernardo Cologan en 1859, del ya maltrecho drago de Franchy.

 

 

En la obra de P.B. Webb & S. Berthelot, antes mencionada, publicada entre 1835 y 1850, el drago figura además como elemento importante en otras láminas de las Misceláneas así como en dos de las planchas compuestas que contiene el gran Atlas de dicha magnífica obra, algunos de cuyos grabados están probablemente basados en apuntes del natural (poblaciones salvajes del barranco del Infierno y de Taganana) realizados por S. Berthelot.

 

Es interesante para la flora endémica de Canarias que a finales del siglo XVIII (1787) comience a publicarse en Londres la preciosa revista Curtis’s botanical magazine, donde se describen e ilustran algunas de las nuevas plantas que van siendo conocidas en el mundo europeo. Entre ellas, varias representan a especies endémicas o de origen canario, correspondiendo la lámina 4571, publicada en 1851, al drago macaronésico, con una imagen que parece estar basada también en la obra original de P. Ozanne, donde además se ilustran los detalles morfológicos de sus inflorescencias, flores, frutos y semillas.

 

 

De √©poca semejante (1842) es la interesante acuarela que realiz√≥ el minucioso √Ālvarez Rixo para acompa√Īar a su Disertaci√≥n sobre el √°rbol drago, manuscrito parcialmente in√©dito que se conserva en la biblioteca de la Real Sociedad Econ√≥mica de Amigos del Pa√≠s de Tenerife, La Laguna (p√°g. 126 del presente n√ļmero).

 

A lo largo de este siglo XIX se llevaron a cabo diferentes publicaciones incluyendo la representaci√≥n (grabados) del drago, la mayor√≠a relativas al famoso ejemplar, mutilado ya por el hurac√°n de 1819, de los jardines de Franchy, pero destacan en la segunda mitad (1875) las obras pict√≥ricas producidas por la singular viajera inglesa Marianne North, que incluyen dragos tinerfe√Īos de Santa Cruz, valle de La Orotava y cercan√≠as, en diversos √≥leos. Estas obras est√°n ejecutadas en fecha algo posterior a los inicios de la fotograf√≠a en Canarias, que ya nos muestran im√°genes del desaparecido drago de Franchy y del a√ļn sobreviviente drago del Sitio Litre, en el Puerto de La Cruz.

 

 

Dichos cuadros nos ayudan, adem√°s, a entender mejor la edad de estos misteriosos seres vegetales, relacionados con mitos y leyendas, y en particular el ritmo de su crecimiento teniendo en cuenta su ramificaci√≥n. Curiosamente, el m√°s famoso de los dragos pintados por North, que a√ļn se conserva vigoroso en el patio principal del Sitio Litre mencionado, fue objeto de una de las primeras fotograf√≠as realizadas en Canarias (1856) por la Sra. Smyth (esposa de Piazzi Smyth), 19 a√Īos antes. Con esos datos se puede estimar la edad actual de dicho drago en torno a los 210 a√Īos (im√°genes reproducidas en el n√ļmero 5 de Rincones del Atl√°ntico, p√°g. 225). En este mismo sentido, resulta muy interesante para el c√°lculo de la edad de los dragos el dibujo que incluye O. Stone (que viaj√≥ en 1883-1884 por Canarias) en su conocida obra Tenerife y sus seis sat√©lites (1889), de un joven ejemplar que existi√≥ en los jardines de Franchy y que fue sembrado en 1877 a partir de semillas del gigante ca√≠do en 1867, que tuvimos ocasi√≥n de observar varias veces, desde que inici√≥ la p√©rdida de algunas ramas hasta su destrucci√≥n total. Este ejemplar, que vivi√≥ unos 120 a√Īos, tambi√©n acab√≥ perdi√©ndose, quiz√°s, cuando se detectaron en √©l enfermedades que no fueron correctamente atendidas. Esta misma autora tambi√©n nos proporcion√≥ un peque√Īo dibujo del llamativo drago del cementerio de Los Realejos, aunque no tiene la suficiente calidad para hacer un estudio comparativo de sus ramificaciones.

 

 

A fines del siglo XIX (Noll, Schatt...) y principios del XX (Bolleter, Pitard & Proust, Lindinger, Knoche...), diversos libros bot√°nicos de car√°cter cient√≠fico o narraciones de viajes (M. d‚ÄôEste, 1909) comienzan a incorporar diversas fotos de las islas entre las que es frecuente encontrar algunas de dragos, no s√≥lo del m√°s admirado de Icod o del tambi√©n famoso del seminario viejo de La Laguna, aunque, lamentablemente, es imposible conocer la ubicaci√≥n actual de algunos de ellos, si es que a√ļn existen. En otros casos las im√°genes o dibujos no tienen una buena calidad, aun trat√°ndose de textos cient√≠ficos como el dibujo de Hermann Christ (1886). Asimismo, contamos con diversas im√°genes, en parte in√©ditas, debidas a diversos visitantes que recorrieron nuestras islas c√°mara en mano tales como A. de Montherot o Ellerbeck, o por miembros de expediciones de car√°cter m√°s cient√≠fico, como O. Simony, cuyas obras fotogr√°ficas s√≥lo conocemos en parte o son totalmente desconocidas en Canarias.

 

 

En la producci√≥n local, algunos pintores costumbristas de fines del siglo XIX o principios del XX nos han dejado algunas manifestaciones art√≠sticas donde se recogen im√°genes del drago. Entre ellos destacan Alejandro Ossuna (Tenerife), autor de numerosas composiciones campesinas y quiz√°s tambi√©n de un curioso dibujo del Roque de las Animas (Taganana) con sus dragos, y J.B. Fierro (La Palma), con una bella e infantil acuarela de estos gigantes junto a las cuatro palmas de Buenavista (Bre√Īa Alta).

 

 

M√°s academicista y con una mejor calidad es la obra de otros pintores canarios, ejemplos raros, que incluyen el emblem√°tico vegetal en sus composiciones. Destaca el bello √≥leo realizado por Baeza, a fines del siglo XIX, de un hermoso drago a√ļn existente, con porte majestuoso, en la zona de San Vicente de Los Realejos (reproducido en el n¬ļ 5 de Rincones del Atl√°ntico, p√°g. 252), conocido como drago de las Siete Fuentes, cuya cuidada realizaci√≥n nos sirve igualmente de testimonio para llevar a cabo una aproximaci√≥n m√°s al c√°lculo de la edad de los dragos basada en su ramificaci√≥n. Este mismo autor dej√≥ plasmado el drago de Icod, por las mismas fechas, en una bella composici√≥n al √≥leo que recoge parte del n√ļcleo antiguo de esta ciudad. Asimismo, es notable una de las obras historicistas del pintor Robayna centrada en la Matanza de Acentejo (1860), donde incorpor√≥ un viejo drago, o la estampa m√°s reciente y buc√≥lica de la pintora portuense L√≠a Tav√≠o.

 

 

Siglo XX

 

Las representaciones iconogr√°ficas del drago, ya en pleno s. XX ‚Äďdonde se suceden en corto tiempo numerosos movimientos pict√≥ricos, a veces relacionados con la pol√≠tica o con tendencias art√≠sticas internacionales‚Äď, tienen un car√°cter m√°s est√©tico y vitalista o muestran otra simbolog√≠a desligada de lo religioso o cient√≠fico, tal y como ocurre con los dragos surrealistas pintados o dibujados en diversas obras y escritos por el tinerfe√Īo lagunero √ďscar Dom√≠nguez, el ‚Äúdrag√≥n de canarias‚ÄĚ seg√ļn E. Westerdahl. Destacan tambi√©n los murales aleg√≥ricos canaristas-costumbristas (naturalismo ret√≥rico seg√ļn F. Castro), un tanto propagand√≠sticos, como los de Aguiar (Sal√≥n de Actos del Cabildo de Tenerife, 1953) o los de N√©stor de La Torre en el Casino de la capital tinerfe√Īa (1931-1935). Aguiar tambi√©n pinta el drago en su bello cuadro Frutos de la tierra, 1927, mientras que N√©stor lo representa en otras obras entre las que destacan los sensuales Poema del mar y Poema de la tierra. En este √ļltimo, incluye una escena desarrollada entre las ramas de un corpulento ejemplar de drago (Mediod√≠a).

 

Mas recientemente el drago comienza a ser pintado en diversas formas (realista o idealista) por numerosos pintores de las vanguardias que lo plasman de acuerdo con las nuevas visiones del paisaje, que cobra una visi√≥n dram√°tica, incorpor√°ndolo, de alguna forma m√°s o menos reconocible, en sus obras (Oramas, Salvio Salvatore, J. Ismael o F. Monz√≥n), bien como protagonista de la composici√≥n o como elemento simb√≥lico y decorativo en el paisaje, el cual toma un protagonismo muy particular en estos movimientos para los que el poeta Pedro Garc√≠a Cabrera recomienda la incorporaci√≥n, en las obras pict√≥ricas, de dragos, piteras y euforbias. En otros casos, el drago se convierte en el elemento central y monogr√°fico de toda una obra (P. D√°maso, ver p√°g. 419 del presente n√ļmero) o tiene un componente m√°s on√≠rico y fant√°stico, como en las contempor√°neas obras de L. Morera.

 

Por otro lado, aun cuando la actividad pict√≥rica se inicia en las islas tard√≠amente, el drago no se incorpor√≥, salvo raras excepciones, a dicha pintura hasta fechas recientes. A excepci√≥n de la atracci√≥n que siempre ejerci√≥ el drago de Franchy, que acumul√≥ numerosas representaciones antes y despu√©s de quedar mutilado por el mencionado temporal. Ha sido m√°s frecuente, al igual que pasa en el mundo europeo, especialmente mediterr√°neo, la incorporaci√≥n de diversas especies vegetales americanas que llaman la atenci√≥n y son repetidamente representadas, hasta la provocativa saciedad para un bot√°nico, en el transformado paisaje que se representa en dicha pintura (Robayna, N√©stor, Oramas, Monz√≥n, Santana, Manrique...), particularmente piteras (Agave spp.), tuneras, chumberas o nopales (Opuntia spp.), cardones abisinios (Euphorbia candelabrum) y Cereus del Per√ļ.

 

 

Dentro del mundo fotográfico destacan, además de las imágenes históricas ya mencionadas, las dedicadas al viejo drago del seminario lagunero, uno de los más accesibles en los diversos recorridos de visitantes por la isla que sin embargo no parece que haya sido plasmado en la pintura, aunque sí en numerosas postales, al igual que el desaparecido viejo drago del hotel Pino de Oro (Santa Cruz) o el de Icod.

 

M√°s recientes son las diversas y numerosas fotograf√≠as que se han realizado sobre el drago de Icod, ‚Äúparada y fonda‚ÄĚ de numerosas excursiones colectivas, las m√°s viejas de las cuales datan de la segunda mitad del siglo XIX (fotograf√≠a estereosc√≥pica datada entre 1864 y 1868), pero sobre todo de finales de dicho siglo, tomadas por numerosos fot√≥grafos y viajeros (Baeza, Ellerbeck, Simony, Schenck...), para prolongarse a principios del XX. Teniendo en cuenta que Icod queda algo m√°s distante del tradicional recorrido ‚Äúcient√≠fico-tur√≠stico‚ÄĚ de Santa Cruz-La Laguna-La Orotava-Teide y viceversa, su espectacular drago, considerado el m√°s viejo y mejor conservado de los actualmente existentes, no fue objeto de estudio, grabados o pinturas hasta fechas m√°s actuales, con la excepci√≥n del comentado √≥leo de Baeza.

 

Car√°cter de las im√°genes

 

En general, la iconografía de que disponemos de los dragos presenta un acabado muy diverso, desde las artísticas xilografías y grabados de Schongauer o Durero, el esquemático de Clusio, el más infantil de Feuillée (1724), los grabados basados en dibujos de Williams en la Historia Natural de las Islas Canarias tratando de ser lo más realista posible, ofreciéndonos dragos en distintas edades, hasta los óleos de M. North con sus interesantes apreciaciones de conjunto, incorporados al paisaje o mostrando bellos detalles sugerentes como las raíces aéreas.

 

Por otra parte, es igualmente significativo que la casi totalidad de los dragos dibujados provengan de la isla de Tenerife, lo cual está justificado por ser la isla más visitada y la que poseía dragos más accesibles y numerosos a lo largo de las rutas más comunicadas y transitadas.

 

 

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