La agroecología

Un enfoque necesario para la gestión
sostenible de los sistemas agrarios

 

José Luis Porcuna

Servicio de Sanidad Vegetal. Generalitat Valenciana

Fotos: Autor - Rincones

 

La utilizaci√≥n de t√©rminos como Agroecolog√≠a, Agricultura Eco-l√≥gica o Sostenibilidad, resulta ya habitual en nuestra sociedad, aunque apenas hace poco m√°s de diez a√Īos, su uso estaba restringido a los ambientes y sectores m√°s marginales ocupados por el movimiento ‚Äúecologista‚ÄĚ.

 

 

Entre estos t√©rminos, es especialmente el de ‚Äúsostenibilidad‚ÄĚ el que se ha convertido en un aut√©ntico comod√≠n de moda. Hace tiempo que no aparec√≠a en el vocabulario un t√©rmino tan vers√°til. Desde un pol√≠tico a un director de empresa, desde un sindicalista a un estudiante, la utilizaci√≥n del termino est√° garantizada. Tanto en un informativo de un medio de comunicaci√≥n como en un informe cient√≠fico o en una conversaci√≥n informal, su uso es casi obligado. Sin embargo, si analizamos el significado que le confiere cada usuario del t√©rmino, nos encontramos con grandes divergencias en sus contenidos.

 

En efecto, es habitual que tanto personas cualificadas como instituciones altamente reconocidas utilicen el termino ‚Äúsostenibilidad‚ÄĚ para componer discursos revestidos de color verde, que en realidad contienen importantes contradicciones conceptuales y terminol√≥gicas. Quiz√°s, el retraso de las instituciones educativas y de investigaci√≥n en abordar los temas ecol√≥gicos y medioambientales ha favorecido que se produzca y se mantenga la confusi√≥n.

 

 

El desarrollo legislativo del marco europeo refleja con precisión esta situación. Efectivamente, en el Tratado de Roma de 1957, cimiento de la Comunidad Económica Europea, no aparece ni una sola palabra sobre medio ambiente.

 

En principio esta aseveraci√≥n podr√≠a parecer sorprendente, pero en aquellos tiempos la estrella era el ‚Äúproductivismo‚ÄĚ; se ten√≠a una fe ciega en un crecimiento econ√≥mico sin freno, y ninguno de los futur√≥logos, economistas y cient√≠ficos de la √©poca pod√≠an prever un cambio de sensibilidad y mentalidad que pudiera cuestionar y frenar ese mismo crecimiento.

 

Han de pasar casi 15 a√Īos para que aparezca en la cumbre celebrada en Par√≠s los d√≠as 19-20 de octubre de 1972 una referencia clara sobre el medio ambiente: ‚Äú[...] los Jefes de Estado y de Gobierno subrayan la importancia de una pol√≠tica medioambiental comunitaria. A este fin invitan a las instituciones [...]‚ÄĚ.

 

 

De nuevo fue necesario que pasaran algo m√°s de 15 a√Īos para que el Comit√© Econ√≥mico y Social de la CEE, en Dictamen de 13 de diciembre de 1988, se√Īalara la actividad agraria basada en la utilizaci√≥n de insumo qu√≠mico como causa importante de degradaci√≥n de suelos y medio ambiente en general. En este sentido, dicho dictamen recog√≠a la necesidad de:

 

‚ÄĘ Controlar los efectos negativos de la actividad agraria.

‚ÄĘ Limitar los efectos de los fitosanitarios.

‚ÄĘ Reducir la excesiva utilizaci√≥n de fertilizantes minerales.

‚ÄĘ Controlar las concentraciones de instalaciones de ganader√≠a industrial.

‚ÄĘ Luchar contra la desertizaci√≥n.

‚ÄĘ Implicar al agricultor en la protecci√≥n del entorno.

 

 

Sin embargo, estas consideraciones no aparecen recogidas entre las prioridades de investigaci√≥n hasta el a√Īo 1994. Efectivamente, para el cuatrienio 1994-1998 (√Ārea 4 - 684 MECU), la Uni√≥n Europea propone: ‚Äú[...] investigaciones para una reorientaci√≥n de la Agricultura Comunitaria hacia sistemas de producci√≥n menos intensivos, aceptables ambientalmente, viables econ√≥micamente y capaces de mantener empleo [...]‚ÄĚ, se√Īalando espec√≠ficamente las siguientes l√≠neas:

 

‚ÄĘ Protecci√≥n de la biodiversidad en agricultura.

‚ÄĘ Desarrollo de variedades adaptadas a condiciones adversas.

‚ÄĘ Desarrollo de la agricultura ecol√≥gica.

‚ÄĘ An√°lisis del impacto socioecon√≥mico y ambiental del abandono.

‚ÄĘ Manejo de recursos h√≠dricos escasos y prevenci√≥n de la salinizaci√≥n.

‚ÄĘ Interacci√≥n agricultura-medio ambiente.

‚ÄĘ Desarrollo de pr√°cticas agr√≠colas respetuosas con el medio ambiente.

‚ÄĘ Desarrollo de m√©todos no qu√≠micos o con bajo empleo de qu√≠micos y manejo integrado de cultivos.

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‚ÄĘ Desarrollo de equipos mec√°nicos que reduzcan contaminaci√≥n y erosi√≥n.

‚ÄĘ Desarrollo de m√©todos de producci√≥n de bajo insumo que permitan la mejora de la calidad de los productos agr√≠colas tradicionales.

 

 

La agroecología. Un enfoque holístico de la ciencia

 

Durante much√≠simos a√Īos el hombre se fue adaptando a la evoluci√≥n de la naturaleza, de tal forma que la coevoluci√≥n que se produc√≠a aseguraba el sometimiento de √©ste a las leyes naturales y garantizaba los equilibrios de los sistemas biol√≥gicos. Sin embargo, en muy pocos a√Īos los papeles se invirtieron. La ciencia permiti√≥ al hombre dominar numerosos aspectos de la naturaleza, y el hombre ha pasado en poco tiempo de temerla a desarrollar programas para protegerla. De esta manera el curso de la coevoluci√≥n se romp√≠a.

 

 

Esta falta de sincronismo entre evolución y adaptación se hizo especialmente patente en el mundo vegetal, donde la utilización de variedades híbridas provocó la pérdida de miles de variedades locales (abiertas), que habían evolucionado ligadas a zonas y a manejos determinados, y que fueron literalmente barridas de la mayor parte del planeta.

 

En la agricultura moderna, las formas de producción se caracterizan sobre todo porque requieren una extracción continua de energía proveniente de la naturaleza. Esta energía provoca a su vez una descarga residual en el aire, el agua y la tierra que genera grandes cambios y problemas, tal vez mayores que los que se pretendía solventar (Sevilla, 1993).

 

Para muchos científicos la velocidad de dichos cambios ya ha superado la capacidad de adaptación de la propia naturaleza, y varios límites esenciales, que garantizan la estabilidad de los sistemas terrestres, ya han sido transgredidos: el calentamiento global, la extinción de especies y el ciclo del nitrógeno.

 

 

Otros l√≠mites esenciales est√°n a punto de ser sobrepasados: el uso del agua dulce, conversi√≥n de bosques en cultivos, acidificaci√≥n de los oc√©anos y el ciclo del f√≥sforo. Tambi√©n preocupan los l√≠mites de la contaminaci√≥n qu√≠mica y la carga de aerosoles en la atm√≥sfera. Todos ellos constituyen las se√Īales palpables de que avanzamos hacia una situaci√≥n de crisis ambiental profunda.

 

Frente a esta situación, la agroecología surge como enfoque científico para dar respuesta a la crisis ecológica y sobre todo frente a los graves problemas medioambientales y sociales generados por el desarrollismo.

 

Desde esta perspectiva, la agroecolog√≠a puede ser definida como ‚Äúla disciplina cient√≠fica que enfoca el estudio de la agricultura desde una perspectiva ecol√≥gica, pretendiendo construir un espacio te√≥rico que permita analizar los procesos agrarios desde una perspectiva hol√≠stica (global), incluyendo la perspectiva del espacio y la del tiempo, y considerando ensamblados los problemas sociales, econ√≥micos y pol√≠ticos‚ÄĚ (Altieri, 1992, 1995).

 

De esta manera, desde el enfoque de síntesis, la agroecología se manifiesta como una ciencia viva, una ciencia con corazón. Una ciencia que no pretende estar en el pasado, ni en los libros, ni en las elucubraciones de los historiadores agrarios, ni es aséptica, ni ajena a la realidad de la agricultura moderna:

 

 

‚ÄĘ Una ciencia pol√≠ticamente democr√°tica, porque incorpora y tiene presente en sus an√°lisis a la mayor√≠a de los ciudadanos, constituida inevitablemente por los que a√ļn tienen que nacer.

 

‚ÄĘ Una ciencia econ√≥micamente justa y solidaria, en cuanto que valora la multifuncionalidad de las parcelas agrarias, especialmente en los servicios que prestan a la naturaleza los campos cultivados: manteniendo el paisaje, preservando la biodiversidad, conservando los suelos, sosteniendo una poblaci√≥n, su cultura, sus ritos y sus tradiciones..., adem√°s del valor que puedan obtener sus productos en los mercados.

 

‚ÄĘ Una ciencia socialmente √©tica, en la que aparece como inexcusable, para cualquier investigador vinculado, la obligaci√≥n de introducir tales consideraciones en sus perspectivas de an√°lisis.

 

‚ÄĘ Por √ļltimo, la agroecolog√≠a se define como agron√≥micamente sostenible, puesto que se dota de los instrumentos cient√≠ficos y t√©cnicos necesarios para el an√°lisis y el dise√Īo de sistemas agrarios perdurables.

 

Sostenibilidad. Es el momento de plantear un decrecimiento sostenible

 

La necesidad de plantear un nuevo modelo de crecimiento aparece cuando se publican los primeros estudios del Club de Roma, continuados con el informe Global 2000, de 1980.

 

 

En 1987, para corregir los efectos del crecimiento sin l√≠mites, se publica el informe Brundtland. Este informe, elaborado por la Comisi√≥n Mundial del Medio Ambiente y del Desarrollo, establece el desarrollo sostenible como m√©todo oficial para corregir los efectos de la crisis ecol√≥gica. En √©l, el desarrollo sostenible se define como aqu√©l ‚Äúque satisface las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas propias‚ÄĚ.

 

En general, en la mayoría de los informes y estrategias oficiales se confunde el desarrollo con el crecimiento, quizás porque en nuestra sociedad occidental éstos los percibimos unidos. Sin embargo en muchas zonas deprimidas y en países pobres el desarrollo se suele obtener a través de la mejor distribución de los recursos, mientras que el crecimiento suele generar en muchos casos una mayor pobreza para la mayoría de la población.

 

Lo que es evidente es que ‚Äúa la vez que se extend√≠a la preocupaci√≥n por la ‚Äėsostenibilidad‚Äô se subrayaba impl√≠citamente, con ello, la insostenibilidad del modelo econ√≥mico, hacia el que nos ha conducido la civilizaci√≥n industrial‚ÄĚ (Naredo y Valero, 1999).

 

Conviene tambi√©n matizar que la mayor parte de las definiciones de sostenibilidad derivan del lenguaje pol√≠tico y econ√≥mico, m√°s que de la ecolog√≠a ‚Äďla ecolog√≠a habla de ‚Äúestabilidad‚ÄĚ y de ‚Äúevoluci√≥n‚ÄĚ de los sistemas, pero no de ‚Äúsostenibilidad‚ÄĚ‚Äď. Adem√°s, el t√©rmino ‚Äúsostenible‚ÄĚ naci√≥ acompa√Īado de aquel otro de ‚Äúdesarrollo‚ÄĚ para hablar as√≠ de ‚Äúdesarrollo sostenible‚ÄĚ, sintagma que pertenece al arsenal propio de los economistas. As√≠, cuando un nuevo concepto compuesto, que pretende ser de s√≠ntesis, toma sus dos componentes de una sola de las partes en conflicto, indica ya en la resultante el triunfo de la parte dominante, en este caso la econom√≠a (Naredo, 1999).

 

Herman E. Daly analiza y aclara los conceptos de ‚Äúdesarrollo‚ÄĚ y ‚Äúcrecimiento‚ÄĚ de la siguiente manera: ‚ÄúCrecer significa aumentar el tama√Īo [...]. Desarrollarse significa expandir o realizar las potencialidades con que se cuenta, acceder gradualmente a un estado m√°s pleno, mayor o mejor. Una econom√≠a puede crecer sin desarrollarse, o desarrollarse sin crecer, o hacer ambas cosas o ninguna‚ÄĚ.

 

 

V√≠ctor M. Toledo (1995) a√ļn matiza m√°s la expresi√≥n ‚Äúdesarrollo‚ÄĚ, ya que para √©l ‚Äúsignifica no s√≥lo integrar aquellos sectores o n√ļcleos sociales o pa√≠ses que se hallan retrasados [...] sino que equivale a destruir, en muchos casos, su capacidad de suficiencia material y espiritual, es decir se les despoja de sus habilidades para dotarse por s√≠ mismos de alimentos, energ√≠as, agua‚Ķ as√≠ como de ideas, inspiraciones, sue√Īos y proyectos de vida‚ÄĚ.

 

En relaci√≥n a esto, Calatrava (1995) considera que ‚Äúno existe desarrollo rural si no est√° basado en la agricultura y su articulaci√≥n con el sistema sociocultural local, como soporte para el mantenimiento de los recursos naturales‚ÄĚ.

 

Para la agroecología, la economía es un subsistema de un ecosistema global. Este ecosistema global es finito y sus equilibrios son frágiles. En consecuencia, plantearse el crecimiento sostenido de la economía resulta algo nítidamente imposible e inviable en un periodo largo de tiempo, ya que se pretende construir un sistema infinito en un mundo finito, frágil y limitado.

 

Para la agroecolog√≠a, adem√°s, los problemas sociales son mucho m√°s complejos que los tecnol√≥gicos, por lo que las soluciones apuntadas por el informe Brundtland aparecen como muy parciales. En este sentido compartimos las cr√≠ticas realizadas por muchos cient√≠ficos, como Weinberg, quien afirma que ‚Äúlas soluciones tecnol√≥gicas sirven para arreglar los problemas sin tener en muchos casos que eliminar las causas del problema‚ÄĚ.

 

Valores agroecológicos de los sistemas agrícolas tradicionales

 

‚ÄĘ La importancia de las estructuras parcelarias en ‚Äúmosaico‚ÄĚ: Si es bien cierto que las parcelas de escasas dimensiones plantean importantes problemas de incremento de costes al impedir o complicar su gesti√≥n y mecanizaci√≥n, tambi√©n es cierto que constituyen en s√≠ mismas un modelo escrupulosamente cient√≠fico de dise√Īo, ya que esa configuraci√≥n ha permitido preservar unos alt√≠simos niveles de biodiversidad. Esta biodiversidad ha sido la clave para atemperar el desarrollo de muchas plagas y enfermedades frente a la virulencia con la que se han desarrollado en otras zonas con paisajes m√°s continuos y homog√©neos.

 

Poner en valor la agricultura familiar significa, entre otras cosas, dise√Īar estrategias que resalten el valor a√Īadido de estos modos de producci√≥n, en muchos casos casi artesanales, de modo que el comprador sienta que adem√°s de comprar un producto hortofrut√≠cola est√° preservando un dise√Īo, un paisaje, una cultura agraria milenaria y mod√©lica y una manera de pensar.

 

La validez del dise√Īo microparcelado ha sido refrendada, apoyada y recomendada por las mejores instituciones cient√≠ficas de todo el mundo. Recordemos que la OILB (Organizaci√≥n Internacional para la Lucha Biol√≥gica) recomienda para el control integrado que:

 

‚Äú[...] las parcelas no sean superiores a 100 m de lado‚ÄĚ, avalando cient√≠ficamente, en consecuencia, nuestro dise√Īo.

 

‚Äú[...] la superficie de reserva ecol√≥gica ser√° al menos del 5 % de la superficie total de cultivo‚ÄĚ, avalando igualmente la continua presencia de setos, ribazos y lindes, presentes en nuestros campos, como estrategia sostenible para el control de plagas y enfermedades.

 

 

Para muchos agricultores y t√©cnicos puede resultar extra√Īo saber que la incidencia m√≠nima de las plagas y enfermedades a lo largo de toda su historia en los campos es debida, en gran parte, a la estructura microparcelada heredada de sus antepasados, as√≠ como a la presencia de muchos cientos de kil√≥metros de setos y ribazos asociados a las acequias o a las lindes de las parcelas.

 

‚ÄĘ El agua y la materia org√°nica, vecinos cercanos: Desde la perspectiva agroecol√≥gica, no podemos olvidar que la medida mas importante a la hora de ahorrar agua consiste en conservar la estructura del suelo y manejarlo como ‚Äúun ente vivo‚ÄĚ (Tello, 1998) en el que una de sus necesidades es retener el agua. Para ello la presencia de materia org√°nica es imprescindible. Estudios realizados sobre el tema han evidenciado que la capacidad de retenci√≥n de agua en un suelo estructurado aumenta hasta un 50 % respecto a un suelo con poca estructura. Recordemos que el uso continuo de abonos qu√≠micos, herbicidas, etc. sin los aportes esenciales de materia org√°nica han convertido gran parte de los suelos agr√≠colas de nuestro pa√≠s en suelos desestructurados con altos niveles de desertizaci√≥n‚Ķ y con la consecuente p√©rdida de la actividad microbiol√≥gica y del trabajo de aireaci√≥n y promoci√≥n del desarrollo radical de las lombrices.

 

El marco económico desde la perspectiva agroecológica

 

‚ÄĘ Los precios deben contar toda la verdad: La agroecolog√≠a tiene que incorporar en sus an√°lisis muchos de los costes olvidados por los cient√≠ficos, economistas y gestores medioambientales. Son el precio del desarrollo, del consumismo, de la mala gesti√≥n de la tierra. El precio que estamos y seguiremos pagando durante un buen periodo de tiempo constituye unas p√©rdidas econ√≥micas espectaculares. ¬ŅCu√°nto vale el suelo agr√≠cola que se muere por erosi√≥n, contaminaci√≥n... o por mala gesti√≥n? ¬ŅPor qu√© no calcular la capacidad productiva directa e indirecta de dichos suelos durante los pr√≥ximos 50 o 100 a√Īos? ¬ŅC√≥mo podr√≠amos valorar la contaminaci√≥n de un acu√≠fero? ¬ŅQu√© coste tendr√° la utilizaci√≥n de aguas contaminadas sobre los cultivos que riega, o sobre los hombres que la beben? ¬ŅQu√© precio podemos poner a los valores est√©ticos, √©ticos, culturales, etc...? ¬ŅQu√© precio podremos aplicar en la valoraci√≥n del capital gen√©tico despilfarrado y casi perdido en pocos a√Īos, cuando componerlo cost√≥ cientos y miles de a√Īos de rigurosa y callada selecci√≥n?

 

 

Todos los estudios realizados hasta ahora sobre el tema, desde la Dra. Carolyn Alkire, economista de la Wilderness Society (EE.UU.) hasta el Dr. Mart√≠nez Alier (Universidad de Barcelona), han puesto de relieve que existen importantes discrepancias entre los costes y los precios de los productos en los mercados. Dichos autores, entre otros, han se√Īalado que los precios, que son la herramienta principal de la econom√≠a monetaria, no dicen la verdad. Los precios son ciegos a la mayor√≠a de los costes sociales y ecol√≥gicos... Mientras que los productos vegetales procedentes de la agricultura industrial son cobrados a precios muy inferiores a su valor real, sin embargo los servicios que incluyen un alto componente de mano de obra tienen generalmente precios excesivos. Para la Dra. Carolyn Alkire, si los precios de la energ√≠a, del transporte, de los productos qu√≠micos, del trabajo... fueran ajustados de forma correcta respecto a su valor real, la econom√≠a se beneficiar√≠a enormemente. Los puestos de trabajo proliferar√≠an parejos al medio ambiente.

 

La mayoría de las personas creen que deben elegir entre un ambiente saludable y una economía boyante. Cuando se escucha a pensadores como Carolyn Alkire se comprende lo erróneo de tal aseveración. Ella ha demostrado, calculando los costes reales de cada cosa, que para prosperar, e incluso para sobrevivir, los precios deben contar la verdad ecológica. No se puede agitar una vara mágica y cambiar los precios de centenares de bienes y de servicios. Sin embargo, hay una manera de realizar el tránsito, reemplazando parcialmente los impuestos existentes con impuestos sobre la contaminación, el agotamiento de los recursos o las modificaciones de la naturaleza. Los precios, realineados mediante un cambio en los impuestos, podrían ser las riendas que dirigieran el consumo.

 

A la luz de estos planteamientos, el consumo de productos procedentes de la agricultura industrial aparece como altamente subvencionado, al no soportar los costes reales que genera. Esos costes ocultos suelen ser cheques al portador que cargamos sobre la biosfera o sobre las pr√≥ximas generaciones. A su vez, el cuerpo normativo europeo en el que se enmarca la agricultura ecol√≥gica se configura, para muchos juristas, como de dudosa legalidad, ya que grava en la pr√°ctica, mediante controles, registros, an√°lisis, etc., a los agricultores y ganaderos que optan por el modelo ecol√≥gico y no contaminante. El principio de ‚Äúel que contamina paga‚ÄĚ se estar√≠a aplicando justamente al rev√©s.

 

Durante mucho tiempo hemos hablado de la necesidad de demostrar científicamente la bondad de las prácticas ecológicas y su rentabilidad real, pero en este caso el debate ha sido ya ampliamente documentado y en consecuencia superado. Sin embargo, no podemos olvidar en los planteamientos de todas estas cuestiones algo que se hace cada vez más patente en las sociedades modernas, y es que el rechazo o aceptación de análisis, teorías o técnicas científicas no sólo depende de su consistencia y fuerza para enfrentarse a la realidad, sino que intereses económicos, sociales y políticos pueden influir decisivamente en su adopción por la sociedad o en su paso al ostracismo.

 

Bibliografía

- Altieri, Miguel A. Biodiversidad, agroecología y manejo de plagas. Valparaíso (Chile): CETAL, 1992.

- Altieri, Miguel A. Agroecología: bases científicas para una agricultura sustentable. Santiago de Chile: CLADES, 1995.

- Alkire, Carolyn. Economic value of golden trout fishing in the golden trout wilderness, California. San Francisco: California Trout, 2003.

- Brundtland, Gro Harlem. Our common future. Oxford: Oxford University Press, 1987. (Trad. en castellano: Nuestro futuro com√ļn. Madrid, Alianza, 1988).

- Calatrava Requena, Javier. ‚ÄúActividad agraria y sustentabilidad en el desarrollo rural: el papel de la investigaci√≥n-extensi√≥n con enfoque sist√©mico‚ÄĚ. En: Ramos Real, Eduardo; Cruz Villal√≥n, Josefina (coord.). Hacia un nuevo sistema rural. Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentaci√≥n, 1995, pp. 303-328.

- Daly, Herman E. (comp.). Economía, ecología, ética: ensayos hacia una economía en estado estacionario. México: Fondo de Cultura Económica, 1989.

- Martínez Alier, Joan; Schulupmann, Klaus. La ecología y la economía. México: Fondo de Cultura Económica, 1991.

- Naredo, Jos√© Manuel. ‚ÄúSobre la reposici√≥n natural y artificial del agua y los nutrientes en los sistemas agrarios y las dificultades que comporta su medici√≥n y seguimiento‚ÄĚ. En: Garrabou, Ram√≥n; Naredo, Jos√© Manuel (eds.). La fertilizaci√≥n en los sistemas agrarios: una perspectiva hist√≥rica. Madrid: Fundaci√≥n Argentaria; Visor, 1999.

- Naredo, José Manuel; Valero, Antonio (eds.). Desarrollo económico y deterioro ecológico. Madrid: Fundación Argentaria; Visor, 1999.

- Shiva, Vandana. Abrazar la vida: mujer, ecología y desarrollo. Madrid: Horas y Horas, 1995.

- Sevilla Guzmán, Eduardo; González de Molina, Manuel (eds.). Ecología, campesinado e historia. Madrid: La Piqueta, 1993.

- Tello, J.; Porcuna, Jos√© Luis. ‚ÄúGesti√≥n integrada de cultivos: una visi√≥n hol√≠stica de la agricultura‚ÄĚ. Phytoma, n¬ļ 97 (marzo de 1998), pp. 9-14.

- Toledo, Víctor Manuel. Campesinidad, agroindustrialidad, sostenibilidad: los fundamentos ecológicos e históricos del desarrollo rural. Morelia: Grupo Interamericano para el Desarrollo Sostenible de la Agricultura y los Recursos Naturales, 1995.

- Weinberg, Alvin M. ‚ÄúScience and trans-science‚ÄĚ. Minerva, n¬ļ 10-2 (1972), pp. 209-222.

 

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